lunes, septiembre 26, 2022
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Nieve: mil caras y un estado ideal… ¿O no?

 Nieve en polvo, dura, helada, artificial… ¿cuál es la ideal? Son decenas los adjetivos que acompañan, cada temporada, a los distintos tipos de nieve. Tantos como la subjetividad y la creatividad de cada uno permita. Un apellido inevitable a la hora de interpretar un parte antes de una gran jornada de esquí.

NIEVE. La nieve en polvo es la preferida de los deportistas.

Sin embargo, existe una serie de parámetros comunes que, matices aparte, permite saber qué nos reserva cada pista. O qué nos espera en cada época del año. O, al menos, sirven para hacerse una idea. Es necesario manejar el vocabulario para evitar sorpresas desagradables a la hora de elegir una pista.

Una buena opción es consultar, además del parte diario de cada estación, el servicio que ofrece http://es.snow-forecast.com/. Con más de 3.000 estaciones, este servicio actualiza varias veces al día sus informes. De esta manera, permite hacerse una composición bastante exacta de lo que nos podemos encontrar.

La preferida

La nieve polvo es la preferida por la mayoría de los amantes del esquí. Es aquella que parece acariciar en las bajadas y que permite una práctica  muy cómoda. Es poco consistente e incita a un esquí rápido, con unas condiciones óptimas.

En una jornada habitual, sin embargo, con una buena temperatura, lo más frecuente es encontrar polvo dura. Se define, básicamente, como una capa de polvo sobre otra consistente, helada, que permite mayor rapidez. Además, no requiere tanta preparación ni técnica como la dura. Hay que entender nieve dura como aquella en la que no queda huella tras el paso del esquiador.

Para los más expertos, puede ser más emocionante, pero hay que tener en cuenta que este tipo de nieve conlleva su riesgo. Por eso, puede suponer un disgusto para los más inexpertos. De hecho, la zonas heladas requieren cantos más afilados y una gran dosis de preparación.

Otros tipos de nieve

Existen otros tipos de nieve, también conocidos, pero menos sugerentes (en función del nivel de esquí de cada uno). Se puede hablar de costra, que es la que se crea con una capa más débil tras sucesivas capas de hielo. Los expertos aseguran que es la más difícil de esquiar. No obstante, la sensación, para el amante del esquí, resulta más que interesante.

Y en el lado opuesto se puede encontrar la nieve primavera, excesivamente cargada de agua. Un tipo que se caracteriza por ir cambiando a lo largo de la jornada, al tiempo que cambia la temperatura. Por lo tanto, dificulta bastante el deslizamiento. No suele ser una buena  base, sobre todo conforme van cambiando sus características. Para afrontarla, es necesario saber repartir muy bien el peso sobre los esquíes para evitar lesiones o un extremado cansancio físico. Sucede lo mismo con la fundida, muy poco cohesionada, o la húmeda, con un gran exceso de agua.

NIEVE. Es aconsejable consultar el parte para conocer el estado de la nieve.

Nieve artificial

Sobra decir que la nieve caída naturalmente, con un proceso normal, es la más codiciada. Pero, a veces, es necesario acudir a la artificial, entendido este término como la forma de fabricarla, no por su composición. Se trata de aquella que se forma a través de la actuación de cañones que disparan agua. Una vez en creada, puede registrar los anteriores estados descritos.

Habitualmente, los cañones arrojan agua -que después se hiela- a las pistas. Sobre ella pasan las máquinas para preparar el terreno. Es lo que se conoce como nieve pisada o compactada -aunque este término también se puede aplicar a zonas en las que, aunque no hayan pasado las máquinas, sí que lo han hecho otros esquiadores, marcando el descenso previamente-. Y, por último, llega el summun para los expertos: lógicamente, como la caída naturalmente y sin pisar, fresca y fuera de pista, lo que se conoce como nieve virgen, no hay nada.

A partir de estas definiciones previas, la cantidad de matices y de nombres es tan amplia como quiera cada uno. Es decir, los principales tipos de nieve se puedan contar con los dedos de una mano. Pero las apreciaciones sobre los mismos son tan subjetivas como la forma propia de esquiar.

En resumen, no resulta nada fácil distinguir entre las gradaciones dentro de estos grupos básicos. Ello se debe a que la percepción de cada uno no tiene por qué coincidir con la de los demás. Lo que está claro es que cada vez son más los que exigen un parte lo más actualizado posible antes de ponerse los esquís. Un paso indispensable para que la jornada resulte todo un éxito.

 

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